A mediados de noviembre falleció de manera repentina Sharath Jois, uno de instructores de yoga más famosos del mundo, el más relevante del Ashtanga Yoga.

Inmediatamente me vinieron dos pensamientos a la cabeza:

  1. Ha muerto un referente. Necesitamos referentes.  Cuando tus referentes mueren, es porque empiezas a ser mayor. ¿Y ahora quién va a ser referente? ¿Quién va a tomar el relevo? Me invadió una sensación de responsabilidad que no recuerdo haber tenido nunca antes.
  2. La muerte te sobreviene en cualquier momento. 

Ante la segunda cuestión solo cabe rendirse a la vida. La vida se va. A veces, desaparece sin más, sin avisar. Haz lo que tengas que hacer empezando ya.

Ante la primera, no es que quiera yo tomar el relevo.

Tampoco me preocupa quién vaya a asumir ese puesto.

Adonde voy es a que necesitamos personas con valores, personas que hagan aquello en lo que creen.

Esos son los referentes.

Los necesitamos nosotros y los necesitan los más jóvenes, nuestros hijos. Mi hija. ¿Qué voy a ser un padre atocinado que nunca se atrevió a hacer lo que quería hacer?

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